El Negro Dolina descubrió, y luego reveló al mundo, la existencia del Ángel Gris de Flores. Este ángel milonguero y melancólico se encarga, aparentemente, de repartir los sueños en el barrio de Flores, en Buenos Aires.

Menos conocido para el público en general, quizá por ser del Interior, quizá por ser más irreal aún que su primo de Flores, es Angelito el Rosarigasino. Dicen que Angelito también reparte sueños, allí por el barrio de Alberdi de la Segunda Ciudad Argentina. Pero, además de agente celestial venido a menos, Angelito es argentino. Y como todo argentino que se precie de tal, ahorró peso sobre peso para comprar una Excursión al Viejo Mundo.

Todo comenzó con la lectura del conciso pero descriptivo título del paseo ofrecido a cuatro colores en el diario La Capital, decano de la prensa argentina: “Conozca Tierra Santa y siete capitales europeas en quince días, todo incluído”. Hubo que vaciar bolsillos, hubo que saquear los contenidos de los frascos de monedas de la alacena para financiar la aventura. Pero el momento glorioso llegó.

Después de ver pasar como un borrón por la ventanilla de un colectivo de excursión al Coliseo, la Torre Eiffel, el Big Ben y algún otro monumento que ahora se me escapa de la memoria, el clímax del paseo es la llegada a una ciudad más eterna aún que Roma. Es nada más ni nada menos que Jerusalén.

Pero… las palomas blancas sobre las murallas de la Ciudad Vieja al parecer sólo existen en las remeras de los guías turísticos. Angelito va paseando por las angostas callejuelas sorteando empujones y forcejeos de sacerdotes en el Santo Sepulcro, gritos y maldiciones en árabe en la Explanada de la Mezquita, ortodoxos judíos escupiendo a mujeres al lado del Muro de las Lamentaciones… y por todas partes, muchos policías.

Al parecer, lo mejor que queda para hacer en la Ciudad de la Paz, cuna de tres religiones… es esperar que termine el día. Al menos la noche será el momento del encuentro con un Grande, con una Leyenda.

Es por todos los ángeles sabido que el encargado del reparto de sueños en Medio Oriente (y de otros menesteres angelicales) es un peso pesado, alguien casi tan antiguo como el Patrón mismo. El Arcángel Gabriel.

Gabriel, enterado de la visita de Angelito, lo invita a acompañarlo durante el reparto nocturno.

En el barrio árabe de la Ciudad Vieja, a Massoud le regalan un sueño a medida. Jerusalén es la Capital de Palestina, la provincia más rica y poderosa del Gran Califato. El mundo rinde pleitesía a las tropas de élite palestinas del Ejército del Profeta. Nada les falta a estas tropas, financiadas por las minorías judía y cristiana, que sumisamente conocen y aceptan su condición de súbditos, y callan.

En el barrio judío, a Eljanan le regalan otro sueño a medida. Jerusalem es el faro que ilumina al mundo, la Luz para los Gentiles. Israel ha traído avance y progreso a Medio Oriente, un Israel repleto de judíos que detienen sus increíbles desarrollos tecnológicos sólo para cumplir con los rezos diarios o santificar el sábado. El ejército de Israel es un ejército poderoso que mantiene el orden, financiado por las minorías que… bueno, Uds, se imaginan el resto del sueño.

Contar los sueños del resto de los habitantes de esta Tierra de Paz sería ocioso. Baste decir que si se pudiera calcular la intersección de todos esos sueños, el resultado sería un conjunto bastante vacío. Terminado el reparto, Angelito lo mira a Gabriel y le pregunta:

– Y ahora, qué?
– Que duerman todos, mira cómo sonríen!

Angelito, avezado en estas lides, se va a su lecho pensando solamente en una cosa. Alguna vez tendrán todos que despertar…

Al otro día se levanta tarde y temblando. Pero desde la calle no se escuchan gritos. Aún desconfiado, abre la ventana y no se aprecian ni tumultos, ni matanzas, ni manifestaciones.

Recorre la calle y los ve. En la cantina Yiddisch de Clara, toman sopa judíos, musulmanes y cristianos. En el café de la Iglesia Presbítera alemana, comen shtrudel cristianos, musulmanes y judíos. En el puesto de Schwarma de Ahmed, se deleitan con pitas chorreando humus, nuevamente, musulmanes, judíos y cristianos.

Y todos sonríen.
O si no sonríen, al menos están tranquilos. Y si algunos no están tranquilos, parecería que es por causas ajenas a los sueños de la noche anterior. Hijos de corta edad y caprichosos o cansados, suegras fastidiosas… o cualquiera de las otras cotidianas molestias a las que todos nos enfrentamos, en Medio Oriente como en el resto del mundo.

Lo importante es que nadie está apretando el cuello de nadie… Comen todos juntos, codo con codo. Panza llena, corazón contento.

Angelito los mira a todos por última vez y piensa…
“Al carajo con el tema éste del Reparto de Sueños. Cuando vuelva a Argentina abro un restorán”.

Claudio Avi Chami

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comentarios
  1. Gustavo dice:

    Buenisimo, ja ja ja!

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