Archivos para agosto, 2013


Si en este preciso momento alguien les preguntase “¿Qué pueden recordar de sus vidas?”, con toda seguridad se sentirían sorprendidos ante sus propias respuestas. Sin duda recordarían primeramente aquellos acontecimientos a los que mayor trascendencia e intensidad emocional hubiesen destinado. Es muy probable que a continuación recordaran  una extensa serie de fugaces imágenes del pasado, tremendamente espaciadas en el tiempo e inconexas entre sí; con mucha suerte podrán rememorar sus pensamientos asociados a aquellos momentos únicos. Si analizan con detenimiento estos datos rescatados del pozo de la memoria se percatarán de que ninguno pertenece a días consecutivos; es más, podrán comprobar por ustedes mismos su incapacidad para recordar un solo día entero de sus vidas sin oscuros “vacíos” o momentos absolutamente inmemorables. Pero lo más terrible es, sin duda, la imposibilidad de recuperar el más mínimo fragmento de CIENTOS de los días que han conformado nuestra existencia. Desde la perspectiva del presente dichos días son, en la práctica, completamente inexistentes, como si jamás hubiesen sido vividos.

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El ruso Salzman tuvo muchas novias. Y a decir verdad solía dejarlas al poco tiempo. Sin embargo, jamás se olvidaba de ellas.
Todas las noches sus antiguos amores se le presentaban por turno en forma de pesadilla. Y Salzman lloraba por la ausencia de ellas.

La primera novia, la verdulera de Burzaco, la pelirroja de Villa Luro, la inglesa de La Lucila, la arquitecta de Palermo, la modista de Ciudadela. Y también las novias que nunca tuvo: la que no quiso, la que vio una sola vez en el puerto, la que le vendió un par de zapatos, la que desapareció en un zaguán antes de cruzarse con él.

Después Salzman lloraba por las novias futuras que aún no habían llegado.

Los hombres sabios no se burlaban del ruso pues comprendían que estaba poseído del más sagrado berretín cósmico: el hombre quería vivir todas las vidas y estaba condenado a transitar solamente por una. Aprendan a soñar los que se contentan con sacar la lotería…

Alejandro Dolina

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El hombre que se transformaba demasiado
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Este cortometraje (con subtítulos en español) realizado por Rob McLellan muestra de una forma totalmente distinta cómo puede comenzar una insurrección de máquinas. ABE es un robot programado para amar, pero cuando se da cuenta que ese “amor” no es recíproco con los humanos, intenta buscar respuestas de la única manera en que puede hacerlo.


 

Fuente: Creascion
 

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Todo retumbó a su alrededor y él recuperó la conciencia en un lento despertar. Pero no era un despertar normal, aunque tardó en darse cuenta de ello. No recordaba haber soñado y no podía abrir los ojos. Bueno, más que nada era como si no tuviese ojos que abrir. Hiciese lo que hiciese, le rodeaba una uniforme e impenetrable oscuridad. Intentó tocarse los ojos pero los brazos no le respondían. En realidad era como si tampoco tuviese brazos que mover…

Eso terminó de espabilarlo. ¿Dónde estaba?. No lo podía recordar, pero tendría que recuperar el control de su cuerpo para averiguarlo. Debería haber quedado dormido en una mala postura y ahora sus miembros insensibles no le respondían. Pero era muy raro, no recibía sensaciones, no sentía hormigueos en los brazos o en las piernas, no sentía la cabeza en la almohada, no sentía el peso de su cuerpo en el colchón. Tampoco sentía su respiración, ni los latidos de su corazón agitado por el nerviosismo que le produciría esta rara situación.

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En este capítulo:

  • Aerodeslizador
  • El origen del Universo
  • Stephen Hawking
  • Tensión superficial del agua
  • Reflexión en una cuchara

 

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Parafraseando a Alejandro Dolina (para mí, un Maestro):

Tarde llegan a este blog los cuentos de Dolina.

Pero lo importante es que llegaron. A continuación, el cuento:

El hombre que se transformaba demasiado

El doctor Maderna aprendió a convertirse en mariposa cuando era un adolescente.

Más tarde adquirió nuevas destrezas y así llegó a transformarse en gato, en anguila, en pez, en caléndula y en escritorio.
Siendo adulto era capaz de convertirse en cualquier objeto a su capricho.

Sin embargo, sus metamorfosis se hicieron tan frecuentes que su familia vivía en inquietud constante. Nadie se atrevía a matar a una cucaracha por temor a que se tratara del doctor Maderna. Una noche lo arrojaron a la basura bajo la forma de una esponja usada y un domingo estuvo a punto de ser devorado por su propio hijo, quien no supo reconocerlo en un chorizo.

Cada vez era menos asidua su apariencia original.
Eso sí, nunca dejaba de asumirla el día de su cumpleaños, para no perderse obsequios y homenajes.

Una madrugada entraron ladrones y se lo robaron, cuando era un jarrón de cristal. Nunca jamás se supo de él.

Desde entonces, su pobre esposa recorre las casas y negocios de la ciudad, hablando tiernamente a los floreros:

Ramón… Ramón… Maderna…

Pero los jarrones siempre son jarrones, o acaso son alguna otra persona.

Alejandro Dolina. Crónicas del Ángel Gris.

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¿A qué huele la lluvia?

Publicado: agosto 29, 2013 en Ciencia
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168272_10150865430436976_2104547056_n_largeCuando salimos a la calle un día de tormenta, todos olemos de forma distinta el ambiente. A la mayoría de nosotros nos gusta el olor a lluvia, que parece como olor a tierra mojada. ¿Pero qué es lo que realmente provoca ese olor? ¿Son las gotas de lluvia, es el suelo o qué es?

¿Qué causa realmente el olor a tierra cuando llueve?

Conocido como esencia de roca o petrichor, de las palabras latinas petros (roca) e ikhos (fluido etéreo) y que fue acuñado por los investigadores australianos Isabel Joy Bear y Richard G. Thomas en los años setenta.
Ese olor no es causando por la tierra o por la lluvia directamente, como muchos piensan, ya que el agua es inodora, sino que la culpa la tiene la geosmina. La geosmina, es el perfume más destacado en días lluviosos. Esta sustancia, producida por una bacteria llamada Streptomyces coelicolor. Al llover, estos microorganismos se hidratan y se hinchan, liberando entonces esta sustancia que es la que nosotros percibimos y que nos resulta tan agradable.

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