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Este es un fragmento subtitulado en español, de una entrevista realizada por Bill Moyers a Isaac Asimov, en 1988. Uno podría decir que, habiendo pasado más de veinte años, difícilmente se lo puede considerar “una noticia”. Y sin embargo, podría tranquilamente haber sido filmado ayer. No ha perdido vigencia.

Imperdible este reportaje en que Asimov da su visión con respecto a la influencia de la Internet sobre el futuro del aprendizaje, y es una pena que sólo este fragmento de la entrevista esté subtitulado.

Para quién esté interesado en ver la entrevista completa, en inglés:

http://www.youtube.com/watch?v=1CwUuU6C4pk

http://www.youtube.com/watch?v=CJAIERgWhZQ

http://www.youtube.com/watch?v=FEHtt5sGbTw


Hay principios en física que son fundamentales. Uno de ellos es el principio de conservación de la energía, que dice que la energía no se puede crear ni destruir, a lo sumo se puede transformar en energía de otro tipo (o en masa). Hay otros principios de conservación, que no nombro porque la mayoría suenan a chino básico.

Estudiando el comportamiento de ciertas reacciones a nivel de las partículas elementales (protones, electrones, etc.), las cuentas, como suele pasar, no daban. Se violaban principios de conservación.

Un científico famoso, Paul Dirac, propuso balancear la ecuación mediante una partícula nueva denominada neutrino. Pero contrariamente al científico de fantasía de Asimov (ver Cap.3), Dirac “se tomó en serio” su partícula inventada. Para él, una solución a una ecuación era una VERDAD aunque no tuviera evidencia real que la soporte.

En este Universo de Locos… Dirac tuvo razón. El neutrino fue eventualmente encontrado, aunque es un animalito muy raro. Se necesitan métodos complicadísimos para detectarlos, ya que un neutrino puede atravesar objetos del tamaño de la Tierra sin mosquearse y sin que lo podamos advertir.

Y entre todas las cosas, el pequeñísimo, casi indetectable neutrino está relacionado con un fenómeno de proporciones gigantescas, tan enorme que es detectable a distancias de miles de millones de años luz: las Supernovas.

Que quedan obviamente, para otro aporte.

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Uno de los autores de ciencia ficción que más me gusta es Asimov. Uno de los delirios de Asimov fue la hipotética construcción de un modelo matemático que permitiera predecir el comportamiento de grandes grupos de seres humanos. A lo largo de su obra esta idea se fue desarrollando hasta llegar a un concepto crucial en sus libros: La psicohistoria.

En sus novelas más tempranas, uno puede ir enterándose sobre los avances de Asimov en sus estudios universitarios, reflejados en los temas de sus obras. En una de sus obras “psicohistóricas” tempranas, un científico usa un modelo que utiliza números imaginarios como soluciones para las ecuaciones de comportamiento.

Cuando un periodista formula hipótesis sobre la interpretación de tal solución, el cientifico se ríe. Le dice, más o menos, que una solución matemática no se puede extrapolar a la realidad y darle interpretación.

Bueno, pero resulta que con Einstein eso fue EXACTAMENTE lo que pasó. Lorentz introdujo un factor de “dilación temporal” para que “le den las cuentas”. Einstein tuvo el descaro (y tuvo razón) de decir que ese factor era absolutamente real.

Según Einstein en su Teoría de la Relatividad, el tiempo, la masa, y otros parámetros que creíamos constantes, se ven afectados por la velocidad de movimiento. Dicho sea de paso, no son teorías en el aire. Tienen aplicaciones prácticas. De todos los días.

Quien más, quien menos, ya todos conocemos, y utilizamos, a los dispositivos GPS. Los GPS se basan en relojes sumamente exactos ubicados en órbita geoestacionaria. Esos relojes incluyen un factor de correción relativista, si no, no funcionarían.

En aplicaciones un poco menos “populares”, como los aceleradores de partículas, los efectos de la Relatividad son bien palpables. La masa de las partículas aceleradas hasta que alcanzan tremendas velocidades, aumenta de forma considerable y si eso no se tuviera en cuenta, ningún acelerador de partículas funcionaría. Lo raro, o una de las muchas cosas raras, es que la partícula se ve a sí misma del mismo tamaño todo el tiempo. Somos nosotros los que la vemos más “gorda”, porque para nosotros ella viaja relativamente rápido. Señora, o señorita, la próxima vez que le digan que se la ve más gorda, Ud. podrá argumentar que eso pasa porque Ud. camina rápido.

Según lo que sabemos (o que creemos), nada puede alcanzar, ni mucho menos sobrepasar, la velocidad de la luz. Para alcanzar la velocidad de la luz, un objeto debería tener masa infinita. Lo que es imposible.

Por eso se dice que las partículas elementales que forman la luz, no tienen masa. Es la única manera de que se puedan mover a la velocidad de la luz.

Hay otro caso famoso sobre la interpretación al pie de la letra de una solución matemática. La realidad supera a Asimov…

Lo cuento en otro aporte.

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