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Después de insertar esta imagen como parte de la serie “La loca aventura del conocimiento”, cap.5, pensé que sería una picardía no comentar como fue generada.

Tres grandes Observatios de la NASA, el Telescopio Espacial Hubble, el Telescopio Espacial Spitzer, y el Observatorio de Rayos X Chandra, unieron fuerzas para investigar los restos en expansión de la supernova de Kepler, vista por primera vez hace más de 400 años por numerosos espectadores, incluido el propio astrónomo Johannes Kepler.

La imagen combinada revela una burbuja de gas y polvo con un diámetro de 14 años luz, que se está expandiendo a una velocidad de más de SIETE MILLONES de km/h (2.000 km por segundo). Las observaciones realizadas por cada telescopio revelan distintas características de los restos de la supernova, una cáscara en rápido movimiento de material rico en contenido metálico, rodeada por una onda de choque que va barriendo el gas y polvo interestelares.

Cada color de la imagen representa una zona diferente del espectro electromagnético, desde la zona de rayos X hasta los infrarrojos (pasando por la zona visible). Los colores usados son mostrados en el panel que está debajo de la imagen compuesta. Los datos mostrados en rayos X e infrarrojo son invisibles para el ojo humano. Codificando con colores esta información, y combinándola con la imagen visible captada por el Hubble, los astrónomos están presentando una imagen más completa de los restos de la supernova.

Las imágenes en la zona de luz visible provenientes de la Cámara Avanzada de Exploración del Hubble (en color amarillo), revelan los lugares donde la onda de choque de la supernova se estrella contra regiones de gas circundantes más densas.

El telescopio Spitzer revela partículas microscópicas de gas (en rojo) que han sido recalentadas por la onda de choque. El gas re-emite la energía de la onda de choque en el infrarrojo. Los datos del Spitzer son más brillantes en las zonas que son también visibles en la imagen del Hubble.

Los datos de rayos X del Chandra muestran regiones de gas muy caliente, y de partículas de extremadamente alta energía (en azul y verde).

La supernova de Kepler está a una distancia de aproximadamente 13.000 años luz de la Tierra.

Las observaciones fueron tomadas en los años 2000 (Chandra), 2003 (Hubble), y 2004 (Spitzer).

Resumido del artículo original en inglés de la NASA, disponible en:

http://hubblesite.org/newscenter/archive/releases/2004/29/image/a/


Las estrellas “nacen”, “viven” y “mueren”. La muerte de una estrella es, en algunos casos, una “plácida” agonía que dura miles de millones de años. Otras estrellas mueren una muerte dramática. La muerte es especialmente dramática en el caso de la explosión supernova.

Se han observado estrellas supernova en otras galaxias. Durante el tiempo del proceso de explosión, que dura varias semanas, la supernova llega a ser más brillante que todo el resto de las estrellas de su galaxia juntas.

Hay varios procesos por los cuáles se genera una explosión supernova. Una de las causas de explosión supernova es cuando una estrella particularmente “gorda”, o masiva, quema gran parte de su combustible nuclear original.

Las estrellas están en un continuo y delicado equilibrio. Su tremenda masa debería comprimir todo el material que la forma en una esfera muy pequeña. Pero ésto no ocurre porque la fuerza de las explosiones nucleares impulsa el material hacia afuera.

Cuando el combustible se termina, a veces en forma brusca, desaparece la fuerza de expulsión (las explosiones) quedando sólo la fuerza gravitatoria. La estrella colapsa, y en ese colapso se libera una tremenda cantidad de energía que es el preludio a la explosión supernova. Hoy en día se utilizan modelos matemáticos para explicar la explosión, aunque el modelo no está completo (varias fases del mismo están aún en estudio).

En 1604, una “estrella nueva” apareció en el cielo. Fue la última supernova observada dentro de la Vía Láctea, hasta el día de hoy. Hubo otra supernova en una fecha muy próxima a la de 1604, en 1572. Ambas estrellas influyeron notablemente en la carrera de dos astrónomos claves de nuestra historia. Tycho Brahe y Johanes Kepler. Kepler, recordemos, fue el padre y responsable del modelo del “Relojito” que fue nuestro modelo del Universo hasta que llegaron los revoltosos del s.XX.

Una supernova es una explosión de dimensiones inimaginables, que libera energías… escalofriantes. La supernova de 1604 superó en luminosidad a todas las estrellas y planetas, y fue visible incluso durante el día, por el lapso de tres semanas.

Antes de la tremenda explosión de luz, las supernovas liberan grandes cantidades de neutrinos.

Los neutrinos son omnipresentes. Cada segundo, miles de millones de neutrinos atraviesan cada centímetro cuadrado de nuestro cuerpo. Sin que, ni ellos, ni nosotros, notemos nada.

Por eso se dice que la interacción entre los neutrinos y la materia común es muy débil. Y por esa misma razón es tan difícil detectarlos.

Para acrecentar la probabilidad de detectar un neutrino, se usan tanques llenos de líquido, sumamente grandes. Un suceso que es sumamente improbable, pasa a ser más común cuando le doy muchas oportunidades para que ocurra.
Ver una pareja besándose en la calle puede ser poco común en algunos lugares y según qué horas. Pero si pudiera recorrer millones de calles de todo el mundo, es prácticamente seguro que encontraría una pareja besándose.

Los neutrinos son tan sociópatas, que su predisposición para besarse con la materia es más rara que ver una pareja besándose en Irán al lado del Cuartel General de los Guardianes de la Revolución. Pero cuando construimos un tanque que tiene millones de litros, eventualmente algun neutrino será detectado “besando” a la materia.
El beso del neutrino es una especie de fosforecencia que es detectada por alguno de los miles de detectores con que están provistos esos tanques.

Se los entierra para aislar al tanque de otras fuentes de radiación, ya sea las de origen humana, o las de origen natural, que molestarían a la detección, ya de por si difícil, del neutrino.

En este Universo de Locos, una buena manera de “ver” una explosión supernova… es enterrarse varios cientos de metros bajo tierra.

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Diversos métodos han sido empleados para tratar de descubrir planetas fuera del Sistema Solar. Hasta 1995 no se tenía ninguna evidencia científica sobre la existencia de tales planetas.

Hoy por hoy, la situación ha cambiado bastante y la lista de exoplanetas en

http://exoplanetarchive.ipac.caltech.edu

incluye 647 planetas confirmados. La gran mayoría de los planetas han sido detectados en forma indirecta, por ejemplo, por las perturbaciones que causan en el movimiento de sus soles, o por el oscurecimiento de su sol al pasar el planeta entre su estrella y nuestros telescopios.

La mayoría de los planetas detectados son enormes, y eso se debe a que, cuanto más grande es un planeta, mayores perturbaciones producirá. Del mismo modo, hay 15 planetas que fueron fotografiados en forma directa, pero en todos los casos se trata de planetas cientos de veces más grandes que la Tierra.

En el 2009 se lanzó el satélite Kepler, que nos sigue como si fuera un perrito en una órbita similar a la de la Tierra, pero a una distancia de millones de kilómetros.

Recientemente se ha anunciado que el Kepler ha detectado un planeta parecido a la Tierra, sólo dos veces y media más grande, en una órbita parecida a la de la Tierra (290 días) y a una distancia que lo ubica en la zona de la vida, una zona en la que las temperaturas son tales que el planeta podría poseer agua líquida.

Hubo en el pasado informaciones sobre planetas similares pero no fueron confirmadas. Esta detección del Kepler ya ha sido confirmada, y éste ya se encuentra en la lista oficial de exoplanetas, con el nombre de Kepler-22b.

Más información sobre el satélite artificial Kepler (en inglés), se puede encontrar en:

http://www.nasa.gov/mission_pages/kepler/news/kepscicon-briefing.html