Posts etiquetados ‘Literatura’


A los veinte años, Alfredo vaticinó su propia muerte. Desde aquel día aciago, comenzó a dejar de vivir.

Las premoniciones de Alfredo comenzaron bastante tiempo antes. La primera que Alfredo recuerde ocurrió cuando tenía ocho años. Se despertó en medio de la noche, gritando. Su madre acudió a su cuarto enseguida.

– ¿Qué te sucede, Fredi?

– Mamá, mamá, ¡tu brazo! ¿Qué le sucedió a tu brazo?

La madre le mostró un brazo, luego el otro. Aún viendo los dos brazos de su madre sanos y completos, Alfredo no se podía tranquilizar.

– Vamos, vamos, es sólo una pesadilla. Yo me quedo contigo, te cuento el cuento de la grúa roja, u otro si así lo prefieres, y te vuelves a dormir.

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El extraño caso de los guionistas freakies viajeros del tiempo

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Por Tony Jim Jr.

Aviso: Para trekkies sin complejos

Sala de guionistas.

Estudios Paramount.

3 A. M.

3 de Octubre del 1966

Bueno, creo que ya iría siendo hora de empezar a desarrollar el episodio de la semana que viene –dijo uno de los guionistas allí reunidos

¿Y por donde empezamos? –preguntó uno de ellos.

Pues por el principio, lógicamente… Como diría Spock –respondió uno de ellos.

Clarooo, muy bien… ¿pero cuál es el principio? –preguntó el guionista que había hablado primero.

Los títulos de crédito…

Bien, eso ya lo tenemos hecho, así que ya nos podemos ir…

Habrá que hacer algo más… Algo que justifique nuestro misero sueldo –dijo el guionista que había hablado primero.

Pues por el sueldo que tenemos, bien poca cosa haremos…

Pero algo, algo, algo habrá que hacer…. Por poco que sea… –insistió el guionista.

Eso, centrémonos señores… Creo que un buen comienzo sería pensar donde ambientamos la historia…

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Cierta vez, alguien me preguntó qué encontraba más difícil en el trabajo de escribir. No parpadeé al responder: “Los personajes y los diálogos”. Del diseño de personajes quizá hablemos en otro momento, pero hoy me gustaría pediros unos minutos de vuestra atención para dedicarlos a lo difícil que es construir un buen (o incluso un mal) diálogo.

A menudo, y especialmente en los cuentos, donde no hay espacio para un desarrollo en profundidad de la psicología de un personaje, la forma en que éste habla puede bastar para definirlo. Un personaje que nos es presentado hablando de determinada manera evocará en nuestra mente una concreta forma de ser y, si el autor es lo suficientemente hábil, ni siquiera necesitará describirlo física o mentalmente para que tengamos una imagen clara de cómo es.

Claro que ahí tropezamos con el meollo de la cuestión.

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Traducción revisada por Locaciencia

I

Afuera, la noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Vila Laburnum los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero, que tenía ideas personales sobre el juego que suponían cambios radicales, ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que incluso provocaban comentarios de la vieja señora de cabello blanco que tejía plácidamente junto a la chimenea.

– Oigan el viento – dijo el señor White; que, habiendo cometido un error fatal, y antes que fuera muy tarde, trataba que su hijo no lo advirtiera.

– Lo oigo – dijo éste último, examinando sombríamente el tablero mientras estiraba su mano. – Jaque.

– No creo que venga esta noche – dijo su padre con la mano lista sobre el tablero.

-Mate – contestó el hijo.

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Estaba húmedo, lleno de barro; tenía hambre y tenía frío y se hallaba a cincuenta mil años de luz de su casa.
Un raro sol azul daba el doble de luz y ejercía el doble de la gravedad a la que él estaba acostumbrado, haciendo difícil cada movimiento.

Pero a pesar de las decenas de miles de años que habían pasado, la guerra no había cambiado. Los pilotos del espacio podían ser los reyes en sus astronaves estilizadas dotadas de armas sofisticadas. Pero en el momento de la verdad, era, sin embargo, el soldado de a pie, la infantería, la que tenía que hacerse dueña del terreno, palmo a palmo y costase la sangre que costase. Como en este maldito planeta de una estrella de la que no había oído hablar hasta que puso el pie en él. Y, ahora, era terreno sagrado porque los alienígenas también estaban allí. Los alienígenas, la otra única raza inteligente en la Galaxia…, raza cruel de monstruos abominables y repulsivos.
Se había contactado con ellos cerca del centro de la Galaxia, después de la colonización lenta y dificultosa de unos doce mil planetas; fue guerra a primera vista; habían disparado sin siquiera intentar negociar o hacer la paz.
Ahora se luchaba planeta por planeta, en una guerra amarga.

Se sentía húmedo, lleno de polvo, frío y hambriento, el día era crudo con un viento fuerte que dolía en los ojos. Pero los alienígenas estaban tratando de infiltrarse y cada puesto avanzado era vital.
Estaba alerta, con el fusil preparado. A cincuenta mil años de luz de su casa, luchando en un mundo extraño y dudando de si viviría para volver a ver el suyo.
Y entonces vio a uno de aquellos alienígenas que se arrastraba hacia él. Levantó el fusil y disparó. El extranjero profirió ese grito extraño que ellos dan y después quedó tendido en el suelo, sin moverse.
Le hizo temblar el espectáculo de aquel ser tumbado a sus pies. Uno debería poder acostumbrarse a ellos después de un tiempo, pero él no lo había logrado nunca. ¡Eran unas criaturas tan repulsivas, con solamente dos brazos y dos piernas, y una piel horriblemente blanca y sin escamas!

Fredric Brown

 

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Little Jim
Una extraña y pequeña historia algo oriental
por Tony Jim Jr.
−Su misión, si es que la acepta, será…
−¡Ah!, ¿pero es que puedo no aceptarla? −pregunté yo.
−Usted mismo, tenga en cuenta, eso sí, que de no aceptarla, se arriesga a un más que probable justificado despido −aclaró el Gul Goauld.
−Bueno, bueno, no se ponga así, que yo sólo preguntaba.
−Pues déjeme proseguir.
−Adelante.
−Gracias. Como iba diciendo, su misión, “si es que la acepta” −dijo haciendo una especie de pausa dramática y prosiguió− será ir al planeta Earl IV, realizar un intercambio, y traer hasta aquí el objeto intercambiado.
−A ver si lo he entendido bien, ¿tengo que ir a un planeta con nombre de señor americano 4, y allí cambiar una cosa por otra, y esa cosa traerla aquí?

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De hecho nadie puede enseñar a escribir ciencia ficción, aunque muchas veces se ha intentado. Escribir ficción es una habilidad acumulativa: a fuerza de escribir se van dominando las técnicas narrativas y se obtienen mejores resultados.

Hay gente especialmente dotada que, de forma natural y espontánea, es capaz de escribir muy bien desde el primer momento. Son pocos. La mayoría de los escritores ha de realizar muchas pruebas e intentos para aprender a resolver los variados problemas que plantea el hecho de escribir historias y entretener a los lectores.

A pesar de esto, recientemente han aparecido muchos libros, artículos y cursos que “enseñan” a escribir y que, en realidad, pueden evitar perder mucho tiempo en las primeras pruebas. Se trata, simplemente, de dar a conocer algunas de las cosas que los escritores van aprendiendo con el tiempo y la experiencia. Pero nadie debe pensar que se trata de recetas seguras.

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